La Boom del deseo sexual lector
El Dark Romance surge como respuesta a una necesidad: ¿Qué pasaría si se escribieran las más sórdidas y escandalosas historias de fetiches sexuales? El público lo rechazaría, solo algunos “raritos” lo consumiría u obtendríamos una respuesta diferente a la esperada; pero más importante, ¿cuál sería la reacción del público femenino (actualmente el mundo literario es dominado por ellas), lo amarían, encontrarían un refugio para sus deseos, un mundo ficticio donde las narrativas no solo las complacen, sino que puedan sentirse identificadas o nos encontraríamos con el auge perfecto para normalizar e idealizar conductas sexoafectivas como algo idílico?
Para bien o para mal el Romance Oscuro “populariza” tramas oscuras, violentas (temas tabúes) y pone sobre la mesa personajes masculinos moralmente grises que exploran un erotismo explícito, incomodan, pero no se cuestionan; es entonces cuando lo ficcional planteado en el libro pasa a ser algo “normal”, planteando que ese tipo de relaciones amorosas puedan concebirse, sin ningún miramiento a la discusión.
El intelectualismo vs lo spicy
El Dark Romance se remonta a la literatura gótica del siglo XVIII y XIX en obras como Frankenstein de Mary Shelley, Cumbres Borrascosas o Jane Eyre de las hermanas Brontë encontrando elementos que sientan las bases del actual Dark Romance: ahondar en los aspectos más oscuros de las emociones humanas y en relaciones que desafían las normas establecidas.
Recordemos que las modas son cíclicas y el repentino interés y la tergiversación un tanto exagerada del género se debe al éxito quizá momentáneo de las lectoras más jóvenes. Debido a los cambios intensos y experiencias emocionales polarizadas, son más propensos a la búsqueda de lecturas fáciles, sin complicaciones y esfuerzo, donde el objetivo puro sea la identificación:
“Creo que hablo al menos en nombre de una parte de las lectoras de romance oscuro: nunca nos interesaron los héroes. Nos encantaban los antihéroes. Así que sentimos que estos héroes son mucho más atractivos para nosotras. Son mucho más interesantes, diría yo, porque son diferentes, no están en la norma”. Rina Kent
La revolución sexual se retomó con este género, dando paso a escenas más explícitas, no consensuadas y rayando en violaciones y parafilias. Una pensaría que al tratar con estos temas delicados y sensibles, su tratamiento estaría lo bastante estructurado para que estos tropos cayeran en la reflexión, la critica moral y ética, no para estigmatizar sino para crear diálogos de los tabús sexuales y sus consecuencias al tenerlos en una visión romantizada; sin embargo, su narrativa, sus ejes temáticos clichés e incluso la creación de sus personajes nos demuestran que las autoras escriben por el mero morbo para monetizar una idea lucrativa.
Por lo regular estos libros tienen carencia de lenguaje, sus personajes grises que nos venden con ser moralmente cuestionados, terminan siendo más una hipermasculinidad convirtiéndolo en un villano, enfocándose unicamente en las relaciones sexuales, en Booktok lo manejan como “el porno literario”. La trama se resume a actos sexuales, el contexto en ocasiones inexistente hace que la lectura se sienta vacía, que solo se esté consumiendo única y enteramente por lo sexual que no se puede encontrar en otros libros. Es como si escribir una buena escena con un contexto creíble hablando de sexo juvenil fuera imposible para estos textos.
El problema no está en la existencia de este género (la literatura siempre ha explorado con lo incómodo, lo prohibido y lo contradictorio), el conflicto surge cuando estas historias se vuelven tendencias nocivas. Dialogar con estas historias es preguntarse:¿Por qué ciertas dinámicas de poder nos resultan fascinantes?, incluso reconocer que para algunas lectoras es un procesamiento de miedos y deseos. Cuestionar la narrativa, la estructura y hacernos responsables de lo que consumimos y recomendamos es esencial para poner en duda todo lo que interpretamos.

